ANDRÉS FERRER

Testimonios

 

Pocas veces se ha utilizado una cámara con tanta precisión redentora al aplicarse a uno de los mayores renuncios plásticos de la ciudad: esos estólidos paramentos de ladrillo amarillento que protagonizan con su tenaz monotonía tantos monumentos merecedores de mejor suerte. Andrés Ferrer ha conseguido el raro milagro de convertirlos en aliados, en arpillera contra la que distribuir los volúmenes y claroscuros.

AGUSTÍN SÁNCHEZ VIDAL. 2016

Estas fotografías no ocultan el pasado sino que hacen que se revele desde lo que nos muestran del ahora. Nos obligan a profundizar en los indicios de la Historia y de las historias. El título ya lo dice todo: La luz amarga. Cada imagen nos exige averiguar las razones del significante y por qué el fotógrafo se detuvo ahí. Y es el conjunto de esas fotografías y las relaciones que guardan entre sí lo que obliga al espectador a que pergeñe y establezca su propia narración.

ENRIQUE CARBÓ. 2012

Siguiendo el rastro de la escritura de Ferlosio, si la pared sigue siendo algo que nada significa. Esto es, algo vacío, casual, ni misterioso siquiera, ¿cuál es la clave del jeroglífico?, se interroga. No hace falta estar con Parménides y Heidegger para afirmar que el ser es indefinible, ni tampoco para saber que el despertar del monstruo no produce razones. Yo sólo sé que la confusión voluntaria entre la vida y el arte conducen a Andrés Ferrer a realizar sus fotografías de tapiales, de máquinas a la intemperie, de fábricas desoladas, muladares de un recuerdo que él, monje clástico y sincero, sí sabe que el tiempo tiene allí escritas sus historias.

JAVIER LACRUZ. 2012

Los protagonistas de estos relatos de Andrés Ferrer no son fríos esqueletos ni son ánimas en pena. Son seres de carne y mármol, estatuas que no necesitan mover los labios para hacerse oír. Andrés Ferrer ensombrece sus gestos y los alumbra, revelando a medias sus sueños no cumplidos, sus vidas no vividas.
Caronte en el Río de la Plata es un libro de relatos articulados en torno a una misma historia: la historia de una maldición. Las estatuas han sido condenadas a una eterna vida de mierda. No pueden aspirar a la resurrección ni a la reencarnación. Para resucitar y escapar de sí mismas tendrían que morir primero. Y las estatuas no mueren jamás porque están hechas de carne y de mármol.

JULIO JOSÉ ORDOVÁS. 2010

Mirar una foto es una excusa. Porque en una fotografía puede estar el comienzo de una novela, una humillación, el hielo, la profecía o el balance. Pero ninguna foto debe ser ajena a su autor. Por eso quiero confirmar que Andrés Ferrer es un fotógrafo que no miente, que no tiene prisa, que no mueve sonajeros falsos y que va a lo suyo. Por eso muchas de sus fotografías tienen algo de palabra precisa. Por eso sus fotografías, a veces, son el final de una búsqueda.

FERNANDO SANMARTÍN. 2007

Ante mí tengo unas cuantas fotografías de Andrés Ferrer que recogen varios pulsos de la vida de este palacio de La Aljafería. Son pulsos definidos en los que se ve bien la trenza que han hecho Occidente y Oriente entre sus muros. La fotografía tiene la grandeza de conservar para nosotros momentos irrepetibles del tiempo, y, por tanto, del espíritu, o sea, de la poesía de las cosas, de esas palabras o silencios en el tiempo de que estamos hechos.

ANDRES TRAPIELLO. 2002

Los cielos de Patagonia, a través de los ojos de Andrés Ferrer, valen tanto como la tierra.

IGNACIO IRABURU. 2002

No se trata de ir, en una rápida visita, a buscar en un país exótico las imágenes más impactantes. Ni de robar las escenas en las que no participas personalmente, ni justificarse en la necesidad de recorrer tantos kilómetros para encontrarse a uno mismo. Se trata de convivir plenamente, de acuerdo con las ideas propias, en cualquier lugar y en cada momento, estés en La Habana o en la ciudad en la que resides. Sin separar el tiempo en instantes, unos para la fotografía y otros para la vida. Deben mezclarse de tal forma, que cuando decidimos traspasar con nuestras fotografías la frontera del ámbito privado al público, debemos tener muy claro para qué y porqué lo hacemos. Andrés Ferrer es muy consciente de estas diferencias.

JOSEP VICENT MONZÓ. 2000

Andrés Ferrer grita en silencio, con apetito de perfección, con texturas, con fondos neutros, con cuerpos agredidos, y nos recuerda que nos amenaza un volcán de destrucción.

ANTÓN CASTRO. 1998

Retoma, con la producción personal de los últimos años (de gran parte de las imágenes tuvimos conocimiento en una anterior muestra en el Círculo de Bellas Artes) un bello relato –perfectamente puesto en sala bajo la forma de trípticos, dípticos y alguna pieza singular–,resuelto con gran limpieza técnica de quien ha empleado con rigor un proyecto de investigación.

MANUEL FALCES. 1998

Andrés Ferrer, entre trabajo y trabajo, entre una exposicón y otra, sacó sus cámaras a la calle y, caminando entre los fantasmas de los ingenieros, los operarios, los factores de tren, fue capturando y reflejando todo aquel decadente esplendor de nuestra revolución industrial. Son las fotos de esta compilación, de Historia Ausente, imágenes majestuosas contundentes, hermosas y heroicas en su digna derrota, pero de una belleza triste, como asediada por la ruina.

JUAN BOLEA. 1997

Las fotografías de Andrés Ferrer evocan una refriega implacable, y sin embargo amorosa,entre la pura intimidad personal y la dura exterioridad material,recreada en diversos vestigios –engranajes, manivelas, tuercas, garfios, tuberías– de una sociedad industrial que, como ahora sabemos, no era ni más ni menos que el precedente inmediato de la actual sociedad del espectáculo.

JOSE LUIS GALLERO. 1997

 

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