«Las ventanas quedaron abandonadas. Sugieren un lugar donde, sin vida, hay olvido y deterioro. La representación de las ventanas, muy solas, aviva el sentimiento de vacío y desolación. Reflejan el destierro de los seres que vivieron ese espacio, que miraron a través de ellas; lugares que han perdido su fin y vitalidad, quedando como observadoras silenciosas del paso del tiempo y la ausencia. El desalojo no fue solo de personas; fue un vaciado de la esencia del edificio, dejando a los ventanales como testigos mudos de una partida inútil y precipitada. Desde entonces y hasta ahora, en la desierta Escuela de Arte de Zaragoza, el único alumno inscrito es la soledad».
AF
